Más allá de la opinión pública, contraria a cualquier cambio en el Congreso, el retorno al bicameralismo constituye una de las reformas fundamentales de la agenda del Parlamento. La forma de abordarla tendrá que ver con su pertinencia, sus funciones, el tamaño de la representación y la forma de elección de los miembros.
Como se recordará, la naturaleza del Congreso fue severamente modificada por la Constitución de 1993. Lo que hoy tenemos es un congreso unicameral de 120 miembros, que no corresponde a un país como el nuestro. La bicameralidad permite una mejor representación (poblacional, territorial), un mejor control de las leyes a través de la revisión, una mejor elección de altos funcionarios del Estado, entre otras cosas.
Discutir si la vacancia requiere una reforma constitucional o reglamentaria es evadir el tema de fondo. Lo que se requiere es voluntad política para enfrentar un problema que ya es endémico en nuestro Parlamento. ¿Existe algún argumento que pueda poner fin al mandato congresal antes de cumplirse el quinquenio respectivo?
Ideeleradio, 23 de abril del 2008.- El Congreso debe debatir la vacancia de los congresistas que incumplen su responsabilidad y no su renuncia, porque esta figura podría verse como un premio que contribuirá a empeorar la imagen del Parlamento, afirmó Fernando Tuesta Soldevilla, director del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica.
La pobre imagen del parlamento ha originado la discusión sobre el fin del mandato parlamentario antes de cumplirse el quinquenio respectivo. Las alternativas que se discutieron fueron la renuncia y la vacancia. La
Por el bien del Congreso, sus representantes y la opinión pública, es positivo que se tomen medidas para sancionar el incumplimiento de funciones básicas parlamentarias. En este sentido, las propuestas del presidente del Congreso pueden ser discutidas o precisadas, pero también pueden contribuir a que los parlamentarios entiendan que no están exentos de sanciones administrativas.
Es común escuchar la dudosa calidad del parlamento y las constantes denuncias sobre el desempeño de muchos congresistas. Las adhesiones y disciplinas partidarias, parecen no conocer otra cosa que no sea la precariedad. Para Carlos Ivan Degregori y Carlos Melendez, esta situación tiene su raiz histórica en los parlamentos de la década pasada y, sobre todo, en la bancada fujimorista. El régimen político costruido después del golpe del 5 de abril y el liderazgo carismático autoritario del hoy procesado Alberto Fujimori, crearon un perfil de parlamentario cuyas lealtades eran ínfimas y el pregmatismo mayúsculo.



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