
Hace poco menos de cinco años, Alfonso Barrantes nos impidió ser partícipes de la segunda vuelta electoral, cuando se retiró de la competencia, tras ubicarse en un segundo lugar, con casi la mitad del respaldo que había obtenido Alan García.
La ley que exigía la segunda vuelta en caso de que ninguno de los candidatos obtuviese la mitad más uno del porcentaje de votos válidos fue establecida a finales del gobierno del arquitecto Belaúnde, cuando las posibilidades electorales de AP eran mínimas. Una segunda vuelta electoral, sin embargo, debería haber colocado al alicaído partido del gobierno en clara posición negociadora con el fin de endosar los votos a cualquiera de los otros candidatos mejor ubicados. La bajísima votación de AP y la negativa de Barrantes para continuar en competencia, esfumaron las ilusiones del senador Javier Alva Orlandini, inspirador de la propuesta.
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