Miraba a través de la ventana todas las tardes, mientras el sonido del violoncello penetraba con la misma lentitud con que se desplazaba el cisne. Ella no podía reprimir las lágrimas que quería esconder en el silencio de esos días fríos, mientras el cisne aparecía con claridad ante la belleza de las notas del viloncello. La ausencia del hijo, era una pena que tenía que sentirla sola. Yo sólo podía observarla y escuchar la música de manera involuntaria. Pasaron los años, mi hermano regresó y ella ya no derramó más lágrimas delante de la ventana. Pero esas penetrantes notas me acompañaron desde aquellas tardes de niñez, hasta que un día escuché el violoncello en una tienda de discos y descubrí que era Carnaval de los Animales de Camille Saint-Saëns. Ahora lo escucho, miro por la ventana y no puedo dejar de pensar en ti, mamá.
Polítika, desea un Feliz día a todas las Madres.



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